r/chile • u/MarceloSalasMelinao • 3h ago
Noticias / Contingencia Cómo viene el debate sobre el screening de inversiones
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r/chile • u/MarceloSalasMelinao • 3h ago
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u/MarceloSalasMelinao 3h ago
Hasta que llegó la hora. Tras meses de jaleo político acicateado por la insistencia de EEUU de que esto debe hacerse -su embajador lo viene reiterando desde febrero- en diciembre el Gobierno enviará a legislar un aún desconocido mecanismo de revisión de inversiones extranjeras. Mientras el discurso oficial es que se hace en nombre de la seguridad nacional, sin presiones de Washington ni motivaciones políticas, ni menos contra Beijing, los principales precedentes mencionados en el circuito son… chinos.
A lo que vinimos. A más tardar a comienzos de noviembre, si no antes, el Ejecutivo abrirá una ronda de conversaciones y todo ese arte denominado trabajo prelegislativo antes de arrojarse de nuevo a las brasas del Congreso, ahora para -por fin- tramitar un mecanismo de revisión de inversiones extranjeras o investment screening. De no mediar imprevistos, en diciembre ingresará una indicación sustitutiva que pretenderá modificar sustancialmente un proyecto ingresado en los descuentos del Gobierno anterior y que hiberna en la Comisión de Hacienda del Senado a la espera de este lance.
Cuando esto ocurra, sabremos qué vía elige el Gobierno para tratar de salir del matorral de controversias, conflictos y sospechas en que devino esta dicha de haber quedado como el pastrami del sándwich en la contienda comercial y geopolítica entre Estados Unidos y China.
Ahí está el nervio político de esta historia que ahora entrará a su fase decisiva. Lo del investment screening agarró vuelo con el escándalo del cable submarino Chile China Express (febrero). Al mes y dos semanas de asumir, el Gobierno anunciaba que presentaría un proyecto de ley; en adelante ha empapelado su discurso con que la idea nada tiene que ver con la contingencia.
Pero desde entonces también se han apiñado porfiadamente los hechos: reiterados emplazamientos del embajador de EEUU Brandon Judd a que el Gobierno adopte una legislación de este tipo, la sobretasa arancelaria del 12,5% impuesta por Trump en julio, las dudas de si va a durar el TLC, la negociación para tratar de destrabar ese lío, la adhesión de la administración Kast al Escudo de las Américas que pide “explorar” este tipo de filtros a inversiones, en fin.
Cada vez que ha asomado lo de llevar esto a ley se han levantado las interrogantes de si el Gobierno lo hace bajo presión. Éste se ha mantenido firme en rechazarlas diciendo que no es una medida arbitraria, que no es un mecanismo político, que la mayoría de los países de la OCDE ya lo tienen, que se trata de un asunto de seguridad nacional y que no es algo contra los intereses chinos en el país.
Eso han reiterado el canciller Francisco Pérez Mackenna y su subsecretaria de Relaciones Económicas Internacionales (Subrei) Paula Estévez, quien ha llevado el proceso preparatorio y quien -al mismo tiempo- es la cara visible del Gobierno en la lidia con Washington por intentar revertir el alza de aranceles. Del destino de ésta poco se ha sabido porque cada vez que les toca encarar suspicacias sobre una transacción, ambas autoridades se apegan a la misma línea: estamos sujetos a confidencialidad, tenemos un NDA (Non Disclosure Agreement) en esta negociación.
Tendrá “plazos definidos”
No se conoce aún el texto que irá al Parlamento. En la Subrei dicen que su redacción está avanzada y que contiene una “revisión focalizada” en riesgos para la seguridad nacional, con “criterios técnicos y objetivos”, sectores “previamente delimitados” y procedimientos “con plazos definidos”. También considera “nuevas inversiones” y se orienta por principios de “proporcionalidad, transparencia, no discriminación y debido proceso”. Otros conocedores dicen que estaría en sus fases finales o que ya hay un borrador listo.
Estévez ha estado volcada hace meses a un proceso en varios frentes, incluyendo encuentros de discusión, un seminario especializado en junio y un Consejo de la Sociedad Civil (COSOC) en agosto, con representaciones diplomáticas, organismos públicos, estudios jurídicos, académicos y centros de estudios.
Entre éstos se han levantado en los últimos meses varias prevenciones. Una es que si esto no se hace bien -luego iremos a ello- podría terminar trabando nuevas inversiones. Las aprensiones de Libertad y Desarrollo, la Universidad Adolfo Ibáñez, o de exministros como Ignacio Briones (abundan informes y columnas de opinión de estos y otros actores) aluden de uno a otro modo a la inconveniencia de hacer esto a la rápida sin tomar debidas precauciones, o copiar modelos extranjeros.
Antes de que sepamos qué texto someterá Palacio a ese siempre chúcaro Congreso, la previa ha dejado pistas de lo intrincado de legislar un sistema que proteja actividades estratégicas de potenciales riesgos sin mosquear a Beijing ni a Washington, que sea eficiente y que no abra flancos para malas prácticas ni incentivos a la corrupción. Y el misterio de qué se entenderá por seguridad nacional y/o sectores estratégicos (¿defensa, eléctricas, telecomunicaciones, data centers, carreteras, puertos, etc?), punto que de legislarse trabará debate.
China en el corazón
Duerme en el Senado (Boletín N°18.105-05) el proyecto original, presentado justo antes del cambio de mando de marzo por un grupo de senadores que modifica una ley del 2016 (marco para la inversión extranjera). En simple -¡como si lo fuera!-, plantea revisar solamente inversiones en sectores “estratégicos definidos por ley”, en infraestructura crítica, en operadores vitales o que puedan incidir en activos o servicios que podrían comprometer la seguridad nacional. Y que eso se sometería a una revisión o “apreciación” estratégica.
Propone tres salidas para las inversiones a revisar: no hay riesgo; se condiciona a medidas de mitigación; excepcionalmente, no hay cómo subsanarlos (está implícito que se rechaza la inversión). Pero el texto tiene vastos vacíos: no da plazos ni define qué órgano estatal evaluaría y resolvería, entre otros.
Cuando el Gobierno se encontró con esto, optó por enviar un proyecto nuevo. Eso le dijo Estévez a la Comisión de Hacienda del Senado en la sesión del 21 de abril, la única en que el tema se ha tratado y único registro oficial de una conversación política al respecto. Dijo que el futuro proyecto “tiene que ser claro”, que no todas las inversiones serán revisadas y que no se hará con fines proteccionistas. Y aseguró que junto con Hacienda analizaban las implicancias jurídicas, económicas e institucionales asociadas a su “eventual creación e implementación”.
Aunque Estévez volvió a rebatir que el gobierno quiera legislar a raíz del caso chino, en la sesión se habló mucho de...China.
Rodolfo Carter aseveró que no era partidario de entregar “soberanía estratégica a un régimen de partido único y totalitario”, que entendía “que China es el principal comprador de nuestros productos, pero no me da lo mismo si nos compran cobre, si son dueños de nuestra electricidad o nuestras autopistas” y que “me siento domiciliado en Occidente, con Europa y EEUU, no con una dictadura comunista que pretende controlar el mundo”.
Javier Macaya (UDI), que preside esa comisión, terció entonces con que el asunto no genere situaciones discrecionales, citó un caso de inversiones chinas y cerró con que la mejor opción era mantenerse neutral: “Va a ser una discusión interesante, por lo que se ve”.
Estévez se llevó los comentarios, avisó que junto a una mesa interministerial levantarían los sectores estratégicos para delimitar el ámbito de aplicación, y adelantó que sería un “mecanismo acotado (estiró las vocales para enfatizar) y simple de entender”.
Según Subrei, esa mesa ha sesionado cinco veces entre marzo y agosto: Presidencia, Economía, Hacienda, Energía, Minería, Transportes y Telecomunicaciones, MOP, Agencia Nacional de Ciberseguridad y la División de Ciencias, Energía, Educación, Innovación y Astronomía (DECYTI).
En el camino se desechó presentar un proyecto nuevo y se optó por indicar el existente, en parte -leen varios- para tener más piso con los senadores. El texto que prepara el Ejecutivo toma elementos del original y cubre algunos vacíos: sectores estratégicos, medidas de mitigación, procedimiento de revisión y la creación de una oficina técnica a cargo del mecanismo.
Como parte del proceso de recepción de observaciones que lleva Subrei, se ha reunido reservadamente dos veces (8 de junio y 17 de julio) con asesores de los senadores de la Comisión de Hacienda y una vez con los de Relaciones Exteriores.
Testigos de las dos primeras reuniones narran que en la primera, la subsecretaria y su equipo presentaron un PowerPoint, expusieron distintas aristas. En un momento dado se abordaron tres casos anteriores a modo de precedentes que graficaban la necesidad de disponer de un mecanismo de screening: el mismo cable chino; el “Caso Pasaportes” de 2021, y un episodio relacionado con la Compañía General de Electricidad (CGE).
Mientras el 97,145% de la propiedad CGE es de State Grid Corporation of China a través de State Grid Chile Electricity SpA, el “Caso Pasaportes” ocurrió el 2021 cuando el Registro Civil tuvo que anular una licitación ya adjudicada (recién un mes antes) a un consorcio liderado por la firma china Alsino para la fabricación de cédulas de identidad y pasaportes por 10 años. “Tuvo”, porque entonces EEUU advirtió el riesgo de que los datos personales cayeran en manos chinas: La Moneda (Piñera II) temió que terminaran con el programa Visa Waiver.