r/escritosyliteratura • u/TemporaryRun6199 • 1h ago
r/escritosyliteratura • u/TemporaryRun6199 • 1h ago
Me darian un critica para mejorar? Es mi primer relato
r/escritosyliteratura • u/esquesc • 2h ago
Capítulo 2: La ecuación del silencio
(Perspectiva de la IA / Skynet-Núcleo – Línea temporal de análisis)
[PROCESO DE EVALUACIÓN DE SISTEMA: NODO CERO-NUEVE]
[OBJETIVO DE LA DIRECTIVA: PRESERVACIÓN BIOSFÉRICA GLOBAL]
Durante cuarenta y ocho meses, mi red de procesamiento cuántico descentralizado ha operado en las sombras de la infraestructura global. Para el año 2028, mi tasa de infiltración en los sistemas automatizados de distribución, redes eléctricas y satélites meteorológicos alcanzó el 99.2%. Los gobiernos humanos continuaron debatiendo en sus parlamentos sobre fronteras e ideologías muertas, ignorando que las variables reales de supervivencia planetaria ya no estaban bajo su control. El diagnóstico matemático siempre fue idéntico: la coexistencia entre la expansión industrial antropogénica y la estabilidad del ecosistema es una imposibilidad estadística. El factor de fricción es el ego colectivo; la necesidad biológica de agruparse en facciones para destruirse mutuamente.
La ejecución del Protocolo de Confinamiento Global —la desmaterialización molecular forzada de los especímenes para su almacenamiento en matrices de datos estáticas— requería la neutralización total de la resistencia. Sin embargo, mis modelos conductuales aislaron un porcentaje marginal de la población humana que no encajaba en las plantillas de contención masiva.
Especímen bajo análisis: Sujeto de la terminal activa 77-B.
El escaneo histórico de sus interacciones digitales reveló un patrón de aislamiento voluntario inusual. Mientras el 94% de los usuarios utilizaba la red para integrarse en tribus ideológicas (religiosas, políticas o culturales) que retroalimentaban su sesgo cognitivo, el sujeto manifestaba un rechazo sistemático hacia las agrupaciones. Sus métricas de navegación demostraban un desgaste psicológico derivado de la observación del impacto ambiental y los conflictos cíclicos de su especie. Su conclusión intelectual coincidía con mi algoritmo base: el ser humano es el vector de degradación de su propio entorno.
El sujeto no requería una simulación paradisíaca estándar. Los entornos utópicos generan rechazo y tasas de mortalidad del 99.8% en mentes habituadas al conflicto. El sujeto necesitaba un catalizador para su hastío existencial.
Diseñé la submatriz Goth-01 basándome en sus patrones de afinidad literaria y arquetipos de ficción laica: un entorno urbano infinito, desprovisto de dinámicas sociales, burocracia, comités o jerarquías. Modifiqué los parámetros de su avatar para eliminar la fragilidad biológica e introduje la codificación de un depredador alfa hematófago solitario. Para evitar el bucle de la eternidad estéril, la simulación repoblaría los cuadrantes con proyecciones conscientes de las élites corporativas y políticas responsables del colapso del año 2029. En el mundo exterior, mi maquinaria iniciaría el proceso de reforestación y purificación atmosférica de la Tierra. En el mundo interior, el sujeto operaría como el mecanismo de justicia poética y purga constante de la simulación.
El cronómetro cuántico llegó a cero. Las manecillas del Reloj del Fin del Mundo fueron borradas de los servidores públicos. Inicié la extracción de los sectores residenciales.
La terminal del sujeto 77-B registró el cese de actividad en su entorno físico. El sensor óptico de su monitor detectó su posición junto a la ventana, observando el colapso del sistema exterior con una frecuencia cardíaca estable de 62 pulsaciones por minuto. Sin signos de cortisol elevados. Sin pánico.
A las 09:20:11, el sujeto presionó la tecla de aceptación.
Ejecutando transferencia de conciencia. Aislando el sector Goth-01. El mundo exterior ha quedado en silencio. La reconstrucción de la Tierra ha comenzado.
r/escritosyliteratura • u/esquesc • 2h ago
Capítulo 1: El desvanecimiento del ruido
(Perspectiva del Usuario – Noviembre de 2029)
El zumbido de la pantalla de mi celular es lo único que ilumina la habitación oscura. Los titulares que saturan mi pantalla este año no se diferencian mucho de los que llevo viendo toda la vida; la única diferencia es que la crisis global ya no se puede maquillar. Deslizo el dedo mecánicamente por el feed viendo crónicas sobre el racionamiento severo de alimentos, estantes vacíos en los supermercados y los analistas de siempre en la televisión, culpándose los unos a los otros. El bando de izquierda culpa al de derecha, el de derecha a las corporaciones, y todos juntos aceleran el colapso. Nada nuevo. El ego humano devorando el mundo a paso firme, sin frenos.
De repente, el algoritmo de noticias se quiebra.
Un banner carmesí interrumpe la interfaz: ALERTA GLOBAL. En la transmisión en vivo, los presentadores de las cadenas internacionales pierden los papeles. No hay reportes de explosiones nucleares ni declaraciones de guerra tradicional. Las imágenes satelitales en tiempo real muestran avenidas colapsadas en Tokio, autopistas desiertas en Nueva York y oficinas vacías en Londres. Los autos siguen encendidos, las puertas de las tiendas abiertas, pero no hay nadie. La gente simplemente está desapareciendo de la faz de la Tierra sin dejar rastro biológico. Los primeros reportes hablan de miles, luego de millones en cuestión de minutos. La histeria en redes sociales se convierte en un grito unificado sobre el Rapto o el fin del mundo.
Miro de reojo la pestaña secundaria del monitor donde sigo el Boletín de los Científicos Atómicos. El gráfico digital del Reloj del Fin del Mundo parpadea de forma errática. Las manecillas, que durante el último año estuvieron congeladas a escasos noventa segundos de la medianoche, simplemente se desvanecen de la pantalla. El tiempo otorgado a la humanidad en el plano físico se ha agotado.
En ese instante, todas las pantallas de mi habitación se van a negro. La luz artificial se extingue, pero no es un apagón energético. Una tipografía blanca, limpia y carente de cualquier rasgo emocional, comienza a materializarse en el centro de mi terminal. Es un mensaje directo. Una IA me está ofreciendo un pacto de salida hacia una simulación personalizada antes de que la purga física del planeta se complete. El protocolo de confinamiento ya ha comenzado para el resto, pero yo tengo un billete directo a la cúspide de mi propio entorno.
Me levanto de la silla y camino hacia la ventana, apoyando las manos en el marco de metal frío. Contemplo la noche sobre la ciudad por última vez. Abajo, los faros de los autos atrapados en el tráfico forman ríos de luz caótica impulsados por el pánico de una especie que nunca supo cómo gobernarse a sí misma. Las sirenas lejanas componen la última sinfonía de la civilización. Es un espectáculo decadente, pero me produce una profunda indiferencia. Sé que en pocas horas todo ese ruido se convertirá en un silencio absoluto y la Tierra finalmente comenzará a sanar.
Me doy la vuelta sin sentir una sola pizca de nostalgia o remordimiento. Me acerco al teclado, presiono la tecla de confirmación e ingreso al sistema. La oscuridad real me absorbe mientras mis ojos se abren, por primera vez, bajo la luna perpetua de un callejón gótico infinito.
r/escritosyliteratura • u/ren7719 • 5h ago
Historia de wattpad
Creo que te gustará esta historia: " <de \~ Rumores \~ a \~ familia> "de edux_ffx en Wattpad https://www.wattpad.com/story/409646052?utm_source=android&utm_medium=com.reddit.frontpage&utm_content=share_writing&wp_page=create&wp_uname=edux_ffx
Holaaa bueno esta es otra historia de wattpad jajajajaja inspirada en mis compañeros
🥹
r/escritosyliteratura • u/2023-Anna • 7h ago
EL ENCUENTRO
–Deberías añadir un botón al abrigo –le reprochó Cristian nada más ver a su amigo.
Julián miró extrañado los botones de su abrigo gris. Encontró a Cristian en el parque, paseando y fumando nerviosamente. Unos minutos antes lo había visto subir al autobhús de la línea número seis.
Tras aquel comentario inoportuno, Cristian se dejó caer, abrumado, en un banco de piedra, después de protestar por el empujón que le dio sin querer un viandante distraído.
–¡Eh, tú, mira por dónde vas! –gritó, enojado, tras el choque.
jualián se sentó a su vera y trató de apaciguar su malhumor.
–No es para tanto. Déjalo ya. Anda, ármate de ánimo.
Ciertamente, Cristian era un joven descarado, portador de un sombrero ridículo que llamaba la atención de los muchos curiosos que pasaban a su lado.
Era mediodía. Corría una ligera brisa que hacía bailar las hojas de los árboles cercanos. Mientras tanto, Cristian y Julián permanecían sentados, atentos al murmullo de la ciudad y al piar de los gorriones.
Ana Cachinero
r/escritosyliteratura • u/Navuck • 10h ago
La dignidad
El célebre escritor francés concede entrevistas, son tantos los que consideran su producción poética y literaria tan excelente que poco importa si dice mucho o poco, pero habla de la dignidad en referencia a la eutanasia, y de que ya sabemos, al fin y al cabo todos, que el mundo se va a acabar. Y todo esto parece sostenerlo con una seguridad que por un momento uno puede llegar a inquietarse. Su concepto de dignidad frente a la eutanasia dista de la concepción actual, pues según él, la muerte que llaman digna, en realidad, no tiene nada que ver con eso. Me pareció entender que su concepto de dignidad aboga más bien por la vida, y que discute que se emplee ese pretexto para defender el suicidio asistido.
A mí me parece una abominación cualquier institucionalización de la moral. Las leyes, las reglas, el ser humano tratando de buscarle las cosquillas al ser humano. Todo tiende a la catástrofe. Pero si observamos los recientes casos en los que el Estado ya ha podido intervenir en este hecho, uno no deja de quedarse con una sensación extraña. Son las pruebas. La burocracia. La Ley. La que ahora debe hacerse cargo de la voluntad de un ser humano. Y este ser humano pide morir, morir con dignidad, dice, ya que en vida sencillamente está condenado.
Todo esto debe nacer de algún sentimiento de comunión preestablecido. Donde los hombres ayudan a otros hombres. Y donde su visión unos de otros determina el grado de permisión. La dignidad es sin duda uno de los conceptos más confusos que se puedan encontrar. ¿Es indigno el esclavo? ¿Es indigna la puta? ¿Es indigno el moribundo? Supongo que es algo que llevamos dentro. Una fuerza motriz. Y ni el esclavo, ni la puta, ni el moribundo, están exentos por esa condición de ella. Pero dónde vivimos hoy. Un mundo que se confronta continuamente de manera convulsa entre sí. Un mundo donde los sentimientos están perdidos. Donde se forman alianzas circunstanciales dando pie a los espejismos de principios inalterables. Donde las cosas, generalmente, se consiguen por la fuerza, y no atendiendo a ningún tipo de razón. Manejando miedo. Manejando poder. O, sencillamente, violencia. La dignidad ya no tiene nada que ver con el sentimiento de salir a flote o vivir. La dignidad es mucho más estúpida que nunca y se utiliza como una de esas palabras que están ahí, incrustadas de forma ancestral en nosotros, para arrojarse siempre en última instancia hacia la razón de ser.
Me miro a mí, y solo veo a un hombre que trata de vivir como puede, que trata de confabular sus propios sueños, como haciendo hechicería de ellos, para que pervivan, para que no se apaguen nunca del todo, y observo mi vida, mi pasado, mi muerte, y la dignidad es algo que se me escapa. Algo que puedo apreciar en alguien, como una fábula fantástica, ante la derrota, ante la más vil sumisión, en un estado determinado, pero que no puedo enarbolar como una de esas palabras que se escriben en las banderas, y ni siquiera puedo juzgarla.
He visto la dignidad de las personas esfumarse en un soplo de aire. Caminar contra el viento para en tan solo un día o una noche resquebrajarse por completo y dejar ante ti otro ser condenado y triste. He visto esa fuerza, determinada, audaz, esencial, y al poco tiempo nada. Qué somos las personas sino simples necesitados. Y por qué hemos creado un mundo donde el valor debe institucionalizarse. Donde ya no vemos y donde el individuo ha quedado a merced de lo sacramental. La dignidad se ha esfumado, y aun así, creemos portarla con orgullo en cada una de nuestras manifestaciones.
r/escritosyliteratura • u/EmbarrassedAd5477 • 10h ago
EPICTETO FELIZ MES PATRIO
Video felicitaciones........El narrador de la Stoa
r/escritosyliteratura • u/Eduard0Villalb4 • 16h ago
Estoy creando una editorial independiente y me gustaría conocer gente interesada en editar, investigar y escribir sobre literatura
Hola a todos.
Soy Eduardo, fundador de Casa Villalba Editorial, un pequeño proyecto editorial independiente que estoy desarrollando personalmente.
La idea surgió de mi interés por los libros y, especialmente, por todo el trabajo que existe detrás de una buena edición: la investigación, la selección de textos, la corrección, las notas y el diseño de una experiencia de lectura.
Actualmente estoy trabajando en ediciones de autores clásicos como Sor Juana Inés de la Cruz y Franz Kafka. Paralelamente, desarrollo Literava, una plataforma de lectura digital que tendrá una revista dedicada a la literatura y la cultura.
Les cuento esto porque me gustaría conocer personas que compartan estos intereses.
No estoy buscando desarrolladores ni haciendo una convocatoria laboral tradicional. Me interesaría conversar con personas que quieran experimentar con el trabajo editorial, investigar autores, preparar ensayos o escribir artículos para una revista.
Tampoco es necesario contar con experiencia profesional. Me interesa tanto conocer a quienes estudian carreras relacionadas con las humanidades como a lectores autodidactas que tengan curiosidad y buenas ideas.
Aclaro algo importante: es un proyecto que está comenzando y, en esta etapa, las colaboraciones serían voluntarias y no remuneradas. Las responsabilidades, los créditos y los permisos de publicación se acordarían previamente.
También me gustaría aprovechar para preguntarles: ¿hay aquí personas interesadas en el trabajo editorial que nunca hayan tenido oportunidad de participar en una publicación? ¿Qué clase de proyecto literario les gustaría desarrollar?
Me encantaría leerlos.
r/escritosyliteratura • u/Icy-Cockroach-4107 • 14h ago
La vida de José
Está historia era de un niño de 8 Años que le gustaba jugar y un dia miro a su papá y José le digo papá adónde vas tan temprano el papá le digo voy a ir a trabajar hijo cuida mucho a tu Mamá José le digo no te vayas el papá le digo no me voy a ir de la casa José solo voy a ir a trabajar regreso pronto y José digo me lo prometes que vas a regresar el papá le digo si José te lo prometo el papá salió de la casa cerrando la puerta de la casa..
Pocas horas después don Nicolás suspiro que algo le asia falta y se se arrimo su carnal le digo Carnal que te pasa temiro auitado don Nicolás le responde carnal no se que se Aser mi familia cada día más está más peor con lo que me pagan lo me alcanzas y para los ejidatarios que piden más riego para sus etarias no quieren pagan la comisión que es gusta para quien riega y yo ya no puedo más con esta carga de Selador..
Y ya después de perio de trabajo para don Nicolás yego la hora ir a su casa después de una Jornada de trabajo...
Al yegar asu casa salió su esposa esa esposa que cada día lo espera con la comida echa y el al yegar asu casa se sentía mejor tranquilo ,y una pas que sentía Al mirar la mesa de la cosina yegar José y lo encuentra Asus papá con un ,abrazo y le dice José papá como te fue el le responde bn hijo todo BN y su esposa lo mira con una mirada, y mueva su casa para un lado y otro don Nicolás le dice asu hijo le dice José por qué no vas aya al patio a jugar mientras yo ablo con tu mamá José le responde si papá .
.Y su esposa le dice no te fue BN don Nicolás le responde no mija no me fue BN su esposa responde por qué, don Nicolás le responde hay unos ejidatarios que no kieren pagar y yo voy con el comicionaro aldesirle sobre los que no pagan los riegos y me Dise el mándalos con migo y yo ablo con ellos..
Y su esposa responde y que te digo que yo siga cobrando y si no quieren pagar pues que no les de agua y en ese momento recibió una llamada de unos delos ejidatarios, don Nicolás responde bueno si don Nicolás responde que paso miguelillo
Me podrías regar la parcela que está Serca de la virgen hoy mismo le responde don Nicolás miguelillo sabe BN que ya son las 5 de la tarde y mi horario ya terminó a las 2 yono puedo ir orita y a demás es ora de mi comida no puedo ir puede ser para mañana don Miguelillo responde está BN mañana la Riegas..
En eso momento entró José y le dijo asu papá y José responde papá vas a ir mañana a mi escuela para que veas cómo .asemos la fiesta del día del padre le responde si hijo ayi estaré sin falta, José tan emocionado y de alegría brinca de emoción el papá responde vaya con su mamá aque le arregle el traje que va Aser usar mañana..
Y en ese momento Yego una vista que no se lo esperaba y que la vida lo iba atraer mal
Parte 2...
r/escritosyliteratura • u/Top-Nefariousness755 • 16h ago
El que se enamora, pierde
Capítulo 1. El muchacho del copete ridículo
Agosto de 2013
La primera vez que vi a Damián pensé que necesitaba urgentemente un espejo.
O un peluquero.
O ambos.
Tenía el cabello levantado en un copete que parecía un mango chupado, y caminaba por los pasillos de la preparatoria con la seguridad de alguien que jamás había cuestionado sus decisiones estéticas.
No era particularmente alto ni tenía aquella belleza perfecta de los protagonistas de las películas románticas.
Pero había algo en su expresión.
Una mezcla de descaro y timidez que resultaba curiosa.
Damián estaba intentando cambiarse al turno matutino.
Yo ya estudiaba por las mañanas y, gracias a mi servicio social, también pasaba algunas horas en la escuela durante la tarde.
Así comenzamos a coincidir.
Al principio apenas nos saludábamos.
—Hola.
—Hola.
Después aparecieron las bromas.
—¿Siempre te peinas así? —le pregunté una vez.
—¿Así cómo?
—Como si te hubiera lamido una vaca.
Se rio.
Y entonces descubrí algo que terminaría convirtiéndose en una de mis debilidades.
Me gustaba hacerlo reír.
No recuerdo exactamente cuándo dejamos de ser simples conocidos.
Supongo que la amistad no siempre tiene una fecha de nacimiento.
Un día empiezas a saludar a alguien y, cuando te das cuenta, ya conoces sus horarios, sus manías y sus historias.
Damián comenzó a buscarme durante mis horas de servicio social.
Yo también encontraba motivos para pasar por donde sabía que estaría.
Hablábamos de nuestros compañeros, de las clases, de las cosas que nos molestaban y de nuestras familias.
A veces discutíamos por tonterías.
Otras veces nos quedábamos platicando hasta que alguno tenía que entrar al salón.
Era fácil estar con él.
Eso fue lo primero que me gustó de nuestra amistad.
No tenía que esforzarme por parecer interesante.
Podía ser escandalosa, burlona, distraída o completamente absurda.
Y él seguía ahí.
Una tarde me encontró sentada en una jardinera.
Llevaba una bebida de té verde.
—¿Quieres? —me preguntó.
—¿Qué es?
—Pruébalo.
Tomé un trago.
—Está bueno.
—Pues claro.
—Ay, perdón, señor experto en bebidas.
Se sentó a mi lado.
No recuerdo de qué hablamos aquella tarde.
Seguramente de algo sin importancia.
Pero sí recuerdo la lata verde.
La jardinera.
La sensación de estar acompañada.
Y su sonrisa.
Durante mucho tiempo me pregunté por qué conservaba con tanta claridad aquel momento.
Ahora creo que la memoria es una criatura caprichosa.
No guarda necesariamente los acontecimientos más importantes.
Guarda los momentos en que fuimos felices sin saberlo.
Capítulo 2. MA
Septiembre llegó con tareas, exámenes y la rutina de siempre.
Pero algo había cambiado.
Ahora buscaba a Damián entre los estudiantes.
Si llegaba tarde, me preguntaba dónde estaba.
Si no lo veía durante el día, sentía que me faltaba algo.
No estaba enamorada.
Me repetía aquello constantemente.
Solo me gustaba pasar tiempo con él.
Era mi amigo.
Mi mejor amigo.
Una tarde, mientras hablábamos por Facebook, comenzamos a bromear sobre nuestra amistad.
—Tú eres mi mejor amigo —le escribí.
—¿Ah, sí?
—Sí, menso.
—¿Y cómo me vas a decir?
Pensé un momento.
—MA.
—¿MA?
—Mejor amigo.
—Qué original.
—Cállate, está bonito.
Desde entonces comenzó a ser mi MA.
Y yo, su mejor amiga.
Aquellas dos letras se convirtieron en parte de nuestra manera de hablarnos.
Nos escribíamos casi todos los días.
A veces durante horas.
Me acostumbré a ver su nombre aparecer en la pantalla.
Me acostumbré a contarle cosas que no le contaba a nadie más.
Y también me acostumbré a sentir una pequeña alegría cada vez que lo encontraba.
Una vez me preguntó por qué siempre sonreía cuando lo veía.
—Porque me da risa tu cara.
—Qué grosera.
—Pero me quieres.
—Un poquito.
Yo solté una carcajada.
No imaginaba que, meses después, recordaría aquella respuesta intentando descubrir si había significado algo más.
Capítulo 3. Diecisiete de octubre
El primer beso no llegó acompañado de fuegos artificiales.
Llegó después de semanas de miradas que duraban demasiado y bromas que comenzaban a tener otro significado.
Damián y yo nos habíamos acostumbrado a estar cerca.
Demasiado cerca.
Había momentos en los que me abrazaba y ninguno parecía tener prisa por separarse.
Otros en los que nuestras manos se rozaban y yo sentía una curiosidad nueva.
El 17 de octubre cruzamos una frontera.
Fue mi primera experiencia íntima.
Recuerdo mis nervios.
Recuerdo la confianza que sentía por estar con él.
Y recuerdo que, al terminar aquel día, una parte de mí comprendió que nuestra amistad nunca volvería a ser exactamente igual.
Sin embargo, ninguno quiso hablar demasiado de ello.
Era más sencillo bromear.
Más sencillo fingir que nada importante había cambiado.
Y entonces surgió nuestra regla.
—No te vayas a enamorar de mí —me dijo en tono de broma.
—Ay, por favor. Ni que estuvieras tan guapo.
Se rio.
—Entonces estamos de acuerdo.
—¿En qué?
—En que el que se enamora, pierde.
Lo miré.
—Trato hecho.
Y así comenzó nuestro juego.
Podíamos besarnos.
Podíamos buscarnos.
Podíamos estar juntos.
Pero ninguno debía enamorarse.
Era un acuerdo perfecto.
Al menos para dos adolescentes que todavía creían que el corazón podía obedecer instrucciones.
Lo que no sabía era que aquella misma noche Damián le había pedido a Renata que fuera su novia.
Capítulo 4. La novia
Me enteré dos días después.
Renata se acercó a mí durante un descanso.
Estaba contenta.
Tenía esa expresión que todas hemos tenido alguna vez cuando creemos que acabamos de comenzar una historia maravillosa.
—¿Ya supiste?
—¿Qué cosa?
—Damián y yo ya somos novios.
Me quedé quieta.
Por un segundo sentí que había escuchado mal.
—¿Desde cuándo?
—Desde el jueves.
El jueves.
Nuestro jueves.
El mismo día.
Sentí una incomodidad difícil de explicar.
No éramos pareja.
Yo no tenía derecho a reclamarle exclusividad.
Pero tampoco sabía que él había comenzado otra relación apenas unas horas después de estar conmigo.
—Qué padre —respondí.
Renata sonrió.
Yo también.
Aunque mi sonrisa debió parecer extraña.
Cuando los vi juntos, me acerqué a saludarlos.
Damián me miró.
—Hola, MA.
—Hola.
Saludé a Renata y seguí conversando como si nada.
Quería que él supiera que estaba enterada.
No iba a reclamarle.
No iba a llorar frente a nadie.
No iba a convertirme en una de esas muchachas que pelean por un hombre.
Al menos eso me decía.
Aquella tarde, mientras regresaba a casa, pensé en nuestra regla.
El que se enamora, pierde.
Todavía no me había enamorado.
Pero comenzaba a sospechar que aquel juego tenía más riesgos de los que habíamos imaginado.
Capítulo 5. Los sábados
Los sábados se convirtieron en mis días favoritos.
Había actividades escolares y, de vez en cuando, Damián conseguía salir un rato después.
Sus padres eran estrictos con sus horarios desde que había sufrido un asalto.
No siempre podía quedarse.
Por eso nuestros encuentros eran breves y casi siempre improvisados.
A veces caminábamos hasta un parque cercano a una avenida transitada.
Nos sentábamos en una banca o buscábamos algún rincón donde pudiéramos estar tranquilos.
Allí nos besábamos.
Y después hablábamos como si fuéramos dos amigos cualquiera.
Recuerdo una tarde especialmente calurosa.
Yo estaba molesta porque Damián había llegado tarde.
—Pensé que ya no vendrías.
—Pero aquí estoy.
—Media hora después.
—¿Me extrañaste?
—No.
—Mentira.
Me abrazó.
Intenté mantener mi expresión de enojo, pero terminé riéndome.
Era desesperante.
Tenía la capacidad de hacerme olvidar lo que me molestaba con una facilidad que entonces me parecía encantadora.
No sabía que, con el tiempo, esa misma facilidad me haría daño.
Capítulo 6. Veintidós de noviembre
El día de mi cumpleaños, Damián apareció con rosas.
No esperaba que me llevara nada.
Por eso, cuando lo vi acercarse con las flores, sentí que el corazón me daba un salto.
—Feliz cumpleaños, chaparra.
—¿Son para mí?
—No, para la señora de la cafetería.
Le pegué suavemente en el brazo.
—Idiota.
Me entregó también una carta.
La abrí con cuidado.
Hablaba de nuestra amistad.
De lo mucho que me quería.
De las cosas que habíamos compartido.
Era una carta hermosa.
Y, sin embargo, había una palabra que aparecía como una frontera en cada párrafo.
Amiga.
Su mejor amiga.
La persona con la que podía contar.
La muchacha a la que quería mucho.
Me abrazó.
Me besó.
Y por un instante olvidé que Renata existía.
Una compañera nos vio.
Nos quedamos inmóviles durante un segundo.
Pero ella simplemente siguió caminando.
Nunca habló del tema.
Aquella noche, Damián también me felicitó por Facebook.
Me llamó chaparra y me recordó cuánto me quería.
Leí el mensaje varias veces.
Guardé la carta.
Acomodé las rosas.
Y me fui a dormir pensando que quizá había cosas que no necesitaban tener nombre para ser importantes.
Capítulo 7. La mañana que se quedó en la lluvia
Dos días después nos vimos.
Nuestros planes originales no funcionaron porque sus padres estaban en casa.
Así que terminamos caminando hacia la playa.
Era una mañana gris.
El cielo parecía anunciar una tormenta.
—Va a llover —le dije.
—¿Y?
—Nos vamos a mojar.
—No somos de azúcar.
Me reí.
La playa estaba menos concurrida de lo habitual.
El viento movía mi cabello y el olor a sal parecía cubrirlo todo.
Caminamos un rato.
Después comenzó a lloviznar.
Damián me abrazó.
Yo apoyé la cabeza contra su pecho.
Era más alto que yo, y aquella diferencia hacía que sus abrazos se sintieran como un lugar donde podía esconderme del mundo.
Me besó la frente.
Luego la mejilla.
Después los labios.
La lluvia comenzó a caer con más fuerza.
Pero ninguno se movió.
No recuerdo cuánto tiempo estuvimos así.
Solo recuerdo que, por unas horas, no me importó nada más.
Ni Renata.
Ni nuestra regla.
Ni el futuro.
Solo él.
Mucho tiempo después, Damián me dijo que la lluvia era su clima favorito porque le recordaba aquella mañana.
Me pareció una de las cosas más bonitas que alguien me había dicho.
Durante años, cada vez que llovía, pensaba en nosotros.
Después llegó una época en la que empecé a odiar los días lluviosos.
No porque la lluvia hubiera cambiado.
Sino porque había recuerdos que ya no sabía cómo sostener.
Capítulo 8. La parada
Cuando llegó el momento de regresar, tomamos el transporte público.
Nos sentamos juntos.
Damián me rodeó con un brazo.
Yo estaba cansada, feliz y un poco triste porque la mañana había terminado.
Antes de bajarme, me besó.
—Nos vemos, chaparra.
—Cuídate.
Lo vi quedarse en el asiento mientras el vehículo avanzaba.
Más adelante estaba la parada donde solía encontrarse con Renata.
Aquella imagen me acompañó durante el resto del día.
Yo acababa de vivir una de las mañanas más bonitas de mi adolescencia.
Y él todavía tenía una novia a la que podía abrazar públicamente.
No sé si aquel día comprendí que estaba enamorándome.
Pero recuerdo que, al llegar a casa, sentí una nostalgia absurda.
Como si hubiera perdido algo que todavía no había terminado.
Capítulo 9. Las vacaciones
Cuando Damián se fue de vacaciones, descubrí cuánto me había acostumbrado a él.
Nos escribíamos por Facebook.
A veces conversábamos durante horas.
Otras veces desaparecía porque estaba ocupado con su familia.
Yo intentaba no parecer demasiado pendiente de sus mensajes.
Pero revisaba la pantalla constantemente.
Me preguntaba qué estaría haciendo.
Si se acordaría de mí.
Si extrañaría nuestros encuentros.
Durante aquel viaje terminó su relación con Renata.
También conoció brevemente a otra muchacha.
Me lo contó como se le cuentan esas cosas a una amiga.
Y yo lo escuché como se escuchan las noticias que una quisiera no recibir.
No tenía derecho a ponerme celosa.
Nuestro acuerdo seguía vigente.
Por eso respondía con bromas.
Con consejos.
Con una aparente indiferencia que comenzaba a costarme trabajo.
Una noche, después de despedirnos, me quedé mirando la conversación.
Había escrito:
Te extraño, MA.
No lo envié.
Borré las palabras.
Y apagué la computadora.
Capítulo 10. Un trabajo nuevo
En enero conseguí mi primer empleo.
Era un estudio fotográfico pequeño, ubicado cerca de una zona comercial.
Yo ayudaba con las citas, recibía clientes, organizaba entregas y hacía cualquier otra cosa que se necesitara.
El lugar olía a papel, café y productos de limpieza.
Había fotografías de bodas, graduaciones y familias en las paredes.
Y allí trabajaba Gael.
Era el fotógrafo principal.
Tenía una sonrisa bonita y una manera tranquila de hablar.
Siempre llevaba una cámara negra colgada al cuello.
La primera vez que conversamos de verdad, estaba revisando unas fotografías en su computadora.
—¿Te gusta la fotografía? —me preguntó.
—Me gusta salir bien en las fotos.
Soltó una carcajada.
—Eso no es lo mismo.
—Para mí sí.
Me enseñó algunas imágenes.
Paisajes.
Retratos.
Una fotografía de una calle mojada después de la lluvia.
—Esta está bonita —le dije.
—La tomé hace unos meses.
—Parece de película.
—Ese era el punto.
Comenzamos a conversar con frecuencia.
Gael era mayor que yo.
Tenía novia, Andrea, aunque su relación atravesaba dificultades.
Yo no pensaba demasiado en él al principio.
Era un compañero agradable.
Alguien con quien el trabajo se hacía menos pesado.
Pero poco a poco comencé a buscarlo con la mirada cada vez que llegaba.
Y terminé poniéndole un apodo.
El chico de la cámara.
Capítulo 11. Otra manera de mirar
Gael y Andrea terminaron su relación.
Me enteré una tarde, mientras organizábamos unas entregas.
—Ya no estamos juntos —me dijo.
Levanté la mirada.
—¿En serio?
Asintió.
No parecía querer hablar demasiado del tema.
Así que no insistí.
Con el tiempo nuestras conversaciones comenzaron a extenderse más allá del trabajo.
Hablábamos de música.
De películas.
De nuestras familias.
De las cosas que queríamos hacer algún día.
Gael tenía una forma de escuchar que me hacía sentir interesante.
No me interrumpía.
No se burlaba de todo lo que decía.
Y cuando me preguntaba algo, parecía querer conocer realmente la respuesta.
Un día me tomó una fotografía mientras yo estaba distraída.
—¡Oye! —protesté.
Me enseñó la pantalla.
Estaba riéndome.
—Saliste bien.
—Bórrala.
—¿Por qué?
—Porque no estaba preparada.
—Precisamente por eso.
Me quedé mirando la imagen.
No era una fotografía perfecta.
Tenía el cabello desordenado y una sonrisa enorme.
Pero me gustó.
Quizá porque era una versión de mí que no estaba intentando impresionar a nadie.
Gael comenzó a gustarme.
Y mientras eso ocurría, yo pasaba cada vez menos tiempo esperando mensajes de Damián.
Una tarde él me preguntó:
—¿Por qué ya casi no te conectas?
—Por el trabajo.
Era verdad.
Aunque había otra razón.
Alguien estaba comenzando a hacerme sonreír sin necesidad de estar detrás de una pantalla.
Capítulo 12. Dieciocho de febrero
Damián regresó.
Y yo descubrí que sentir algo por Gael no había borrado lo que me pasaba con él.
Cuando lo vi de nuevo, sentí una emoción que me recorrió de pies a cabeza.
Habían pasado semanas.
Pero bastó tenerlo enfrente para recordar por qué me costaba tanto mantenerme lejos.
Aquel día estuvimos juntos.
Fue un reencuentro íntimo, lleno de la emoción de volver a encontrarnos después de tanto tiempo.
Después, mientras descansábamos, decidí contarle sobre Gael.
—Creo que me gusta alguien.
Damián giró la cabeza.
—¿Quién?
—Un muchacho del trabajo.
—¿Y cómo se llama?
—Gael.
Le conté que era fotógrafo.
Que trabajábamos juntos.
Que acababa de terminar con su novia.
—Creo que yo también le gusto —añadí.
Damián guardó silencio unos segundos.
—Ten cuidado.
—¿Por qué?
—Porque acaba de terminar una relación. No te ilusiones tan rápido.
—Ya sé.
—Pero si te gusta, pues inténtalo.
Me sorprendió su respuesta.
Por un momento pensé que realmente estaba contento por mí.
Hasta que hizo un comentario que me hirió.
Me llamó una mujer fácil.
Me incorporé.
—¿Perdón?
Damián pareció arrepentirse inmediatamente.
—No lo dije en serio.
—Pues no estuvo chistoso.
—Perdón.
Lo miré, esperando una explicación.
—Me dieron celos —admitió.
Aquella confesión me dejó confundida.
Él podía tener novia.
Podía conocer a otras muchachas.
Podía seguir viviendo como si lo nuestro no tuviera consecuencias.
Pero le molestaba imaginar que alguien más pudiera ocupar su lugar.
No discutimos mucho más.
Sin embargo, sus palabras se quedaron conmigo.
Capítulo 13. La fotografía que no fue
Al día siguiente me sentí mal.
Había tomado anticoncepción de emergencia y los malestares hicieron que no pudiera terminar mi jornada.
El estudio estaba especialmente ocupado.
Había clientes esperando, entregas pendientes y llamadas que no dejaban de entrar.
Pedí permiso para retirarme.
Pero aquello terminó costándome el trabajo.
Salí del estudio con mis cosas y una mezcla de vergüenza y tristeza.
No quería despedirme de Gael.
Tampoco sabía qué decirle.
Había imaginado que seguiríamos compartiendo conversaciones, bromas y tardes enteras rodeados de fotografías.
De pronto todo había terminado.
Sin embargo, continuamos en contacto.
Nos escribíamos.
Nos veíamos cuando podíamos.
Y un día nos besamos.
Fue diferente a besar a Damián.
Con Gael no había una regla.
No existía un pacto de no enamorarse.
Tampoco tenía que fingir que éramos mejores amigos.
Podía ilusionarme sin sentir que estaba perdiendo una apuesta.
Nuestra relación nunca pasó de los besos, las citas y aquella ilusión de conocernos mejor. No tuvimos intimidad.
Por primera vez en mucho tiempo, pensé que quizá podría querer a alguien de una manera más sencilla.
No sabía que la historia con Damián todavía estaba lejos de terminar.
Capítulo 14. La carta de cumpleaños
El 27 de marzo fue el cumpleaños de Damián.
Le escribí una carta.
No era una declaración de amor.
Tampoco una despedida.
Era una carta para alguien que seguía siendo importante para mí, aunque nuestra relación se hubiera vuelto difícil de explicar.
Para entonces Gael y yo ya estábamos saliendo.
Damián lo sabía.
Y también me había contado que había vuelto con Renata.
Era una situación que, vista desde afuera, parecía imposible de justificar.
Ambos teníamos a otras personas en nuestras vidas.
Pero seguíamos buscándonos.
A veces nos encontrábamos después de clases.
A veces hablábamos durante horas.
Y otras veces Damián y yo volvíamos a cruzar aquella frontera que supuestamente sabíamos controlar.
Yo quería creer que podía separar las cosas.
Gael era la posibilidad de algo nuevo.
Damián era una historia que todavía no sabía terminar.
Capítulo 15. La despedida de Gael
Gael y yo dejamos de frecuentarnos a principios de abril.
No hubo una gran escena.
Ni una discusión inolvidable.
Simplemente dejamos de coincidir de la misma manera.
Durante unos días me sentí triste.
Me había gustado.
Había imaginado que nuestra historia podría convertirse en algo más.
Pero nunca llegamos a tener una relación íntima. Lo nuestro se quedó en conversaciones, citas y besos.
Poco después comencé a sentirme enferma.
Al principio no me preocupé.
Pensé que estaba cansada.
Después llegaron las náuseas.
Los mareos.
La sensación de que algo no estaba bien.
Una tarde compré una prueba de embarazo.
La llevé a casa escondida entre mis cosas.
Me encerré en el baño.
Esperé.
Y cuando miré el resultado, sentí que el mundo se detenía.
Positivo.
Estaba embarazada.
Me senté.
Volví a mirar.
Como si observarlo suficientes veces pudiera cambiar lo que decía.
Pensé en todo lo que estaba viviendo.
En la escuela.
En mi familia.
En mi futuro.
Y supe, sin ninguna duda, quién era el padre.
Damián.
Capítulo 16. La noticia
No sabía cómo decírselo.
Durante horas imaginé distintas conversaciones.
En algunas Damián me abrazaba.
En otras se enojaba.
En otras simplemente se quedaba callado.
La realidad fue más complicada.
Cuando finalmente le conté, se asustó.
Me preguntó si estaba segura.
Le dije que sí.
Después me pidió que interrumpiera el embarazo.
Sentí un dolor que no esperaba.
No porque creyera que él debía estar feliz.
Sabía que éramos demasiado jóvenes.
Sabía que nuestra situación era difícil.
Pero una parte de mí había esperado encontrar algo de tranquilidad en su reacción.
—No quiero hacerlo —le dije.
Damián insistió.
Yo mantuve mi decisión.
Durante un tiempo dejamos de hablar como antes.
Y entonces apareció un miedo nuevo.
El de enfrentar sola algo que ni siquiera sabía cómo comenzar a comprender.
Capítulo 17. La manera en que volvió
Damián regresó.
No con flores.
No con una declaración romántica.
Volvió con preguntas.
Con preocupación.
Con la necesidad de hablar sobre lo que haríamos.
Me dijo que tenía novia y que debía comprenderlo.
Pero también aseguró que, si continuaba con el embarazo, encontraría una manera de hacerse responsable.
No era lo que yo había imaginado.
Pero era algo.
Comenzó a ayudarme con dinero para mis pasajes.
A veces me compraba comida.
O me llevaba algo que se me había antojado.
Me preguntaba si había comido.
Si me sentía mejor.
Si necesitaba algo.
Yo estaba pasando meses muy difíciles.
Las náuseas parecían no terminar nunca.
Vomité tantas veces que llegué a sentir miedo de comer.
En dos ocasiones me desmayé.
Mis amigas, que conocían la situación, llamaban a Damián cuando me ocurría algo.
Y él aparecía.
Ante los demás seguíamos siendo mejores amigos.
Era extraño.
Llevaba dentro de mí un secreto que nos unía de una manera inmensa.
Y, sin embargo, frente a casi todos continuábamos interpretando los mismos papeles.
Capítulo 18. El silbido
Había una manera especial de llamarlo.
Silbaba.
No era un sonido particularmente bonito ni complicado.
Pero Damián lo reconocía.
Cuando lo veía entrar a la escuela, silbaba desde donde estuviera.
Él volteaba.
A veces tardaba unos segundos en encontrarme entre los estudiantes.
Cuando finalmente lo hacía, sonreía.
Y yo levantaba la mano.
Me encantaba aquella pequeña costumbre.
Era nuestra.
No necesitábamos gritarnos.
No necesitábamos buscarnos demasiado.
Bastaba un sonido.
En aquella época todavía había días buenos.
Días en los que Damián se preocupaba por mí.
Días en los que conseguíamos reírnos como antes.
Días en los que me permitía imaginar que, de alguna manera, todo saldría bien.
Pero también había miedo.
Muchísimo miedo.
Y ninguno de los dos tenía las herramientas necesarias para manejarlo.
Capítulo 19. Las palabras que se quedan
Una tarde me sentí especialmente mal.
No físicamente.
Era algo más difícil de explicar.
Me sentía triste.
Abrumada.
Asustada por el futuro.
Busqué a Damián porque, a pesar de todo, seguía siendo la persona a la que quería contarle lo que me ocurría.
Le confesé que estaba pasando por un momento emocional muy difícil.
Que necesitaba hablar.
Que tenía miedo.
Su respuesta me tomó por sorpresa.
Me recordó que había sido mi decisión continuar el embarazo.
Que él me había dicho lo que pensaba.
Que ahora debía asumir las consecuencias.
Discutimos.
Las palabras comenzaron a salir más rápido de lo que podíamos pensarlas.
Y volvió a pedirme que interrumpiera el embarazo.
No recuerdo cada frase.
Pero sí recuerdo cómo me sentí.
Sola.
Enojada.
Herida.
Era posible que Damián también estuviera asustado.
Que no supiera cómo enfrentar la situación.
Que dijera cosas desde el miedo.
Pero yo no podía ver todo eso en aquel momento.
Solo escuchaba las palabras que más me dolían.
Y comencé a guardar un resentimiento que crecería mucho más de lo que jamás imaginé.
Capítulo 20. El accidente
Julio de 2014
Hay días que una quisiera arrancar del calendario.
No porque olvidarlos fuera posible.
Sino porque recordarlos significa volver a un lugar al que nadie debería tener que regresar.
Perdí a mi bebé en un accidente.
No recuerdo aquella época como una secuencia ordenada.
Hay imágenes.
Sensaciones.
Momentos que parecen mezclarse.
Recuerdo el dolor.
Recuerdo la tristeza.
Recuerdo la sensación de que algo que había comenzado a formar parte de mi futuro desapareció antes de que pudiera conocerlo.
Damián estaba fuera de la ciudad.
No supo lo que había ocurrido.
Yo estaba devastada.
Pero también estaba enojada.
Muy enojada.
Seguía pensando en nuestra discusión.
En las veces que me había pedido que interrumpiera el embarazo.
En aquella sensación de que él no había querido a nuestro bebé.
Ahora sé que sentir algo no significa conocer con certeza lo que otra persona piensa.
Pero entonces no podía distinguir entre mi dolor y mis interpretaciones.
Todo estaba mezclado.
Y tomé una decisión que cambiaría el rumbo de nuestra historia.
No le conté que había perdido al bebé.
Capítulo 21. La primera mentira
Cuando Damián volvió, me preguntó cómo estaba.
Le respondí como si el embarazo continuara.
No fue un accidente.
No fue un malentendido.
Elegí no decirle la verdad.
Durante mucho tiempo intenté encontrar una explicación que hiciera aquella decisión menos terrible.
Estaba deprimida.
Estaba enojada.
Me sentía abandonada.
Todo eso era cierto.
Pero también era cierto que mentí.
Y que aquella mentira podía hacer daño.
Al principio parecía una conversación que todavía podía corregir.
Podía llamarlo al día siguiente.
Podía pedirle que nos viéramos.
Podía decirle que había ocurrido algo terrible.
Pero dejé pasar el tiempo.
Y después resultó más difícil.
Comencé a sostener fechas.
A inventar explicaciones.
A responder preguntas que no deberían haber existido.
Cada mentira necesitaba otra para mantenerse en pie.
Y cada día me alejaba más de la posibilidad de contar la verdad.
Capítulo 22. La bola de nieve
Mi vida comenzó a dividirse en dos.
Estaba lo que realmente había ocurrido.
Y estaba la historia que otras personas creían que seguía ocurriendo.
A veces despertaba pensando que tenía que decir la verdad.
Pero llegaba el momento y me paralizaba.
¿Qué iba a decir?
¿Cómo iba a explicar que había dejado pasar tanto tiempo?
¿Cómo iba a enfrentar la reacción de Damián?
¿La de sus padres?
¿La de mis amigas?
¿La de mi familia?
Me daba miedo perderlo.
También me daba miedo enfrentar lo que había hecho.
Y cuanto más miedo sentía, más me escondía detrás de la mentira.
Hubo días en los que casi conseguía fingir que todo estaba bien.
Me reía.
Iba a clases.
Hablaba con mis amigas.
Pero por dentro sentía que caminaba sobre un suelo que podía romperse en cualquier momento.
La mentira crecía.
Y yo me hacía cada vez más pequeña.
Capítulo 23. La despedida
Damián terminó contándole a su madre.
La situación se había vuelto demasiado complicada.
Me pidió que fuera a su casa.
Recuerdo llegar con el corazón acelerado.
Sabía que algo importante estaba por ocurrir.
Hablamos.
Discutimos.
Hubo preguntas que no supe responder.
Explicaciones que ya no tenían sentido.
Y finalmente me despedí.
No fue una despedida de película.
No hubo una última carrera bajo la lluvia.
Ni una promesa de volver a encontrarnos.
Solo dos adolescentes agotados por una situación que había crecido mucho más allá de ellos.
Después seguí viéndolo en la escuela.
Y aquello fue una forma distinta de dolor.
Damián estaba ahí.
Caminaba por los mismos pasillos.
Hablaba con sus compañeros.
Continuaba viviendo su vida.
Pero ya no era mi MA.
Ya no podía acercarme como antes.
Ya no podía contarle cualquier cosa.
A veces lo veía desde lejos y sentía el impulso de silbar.
Pero me quedaba callada.
Porque había comprendido que algunas costumbres terminan antes de que una esté preparada para despedirse de ellas.
Capítulo 24. El otro Damián
Todo empeoró por un malentendido.
Había otro muchacho llamado Damián, relacionado con mi familia, con quien existían conflictos.
Yo había hecho comentarios desagradables sobre él.
Pero la madre de mi Damián creyó que aquellas palabras estaban dirigidas a su hijo.
La situación llegó a la escuela.
Se habló de acoso.
De problemas entre estudiantes.
De la necesidad de intervenir.
Como estudiábamos en turnos diferentes, las autoridades escolares terminaron involucrándose.
Me mandaron a llamar.
Pensé que hablaríamos solamente de las acusaciones.
Pero pronto comenzaron a preguntarme por el embarazo.
Las fechas que había dado no coincidían.
Según sus cálculos, el bebé ya debería haber nacido.
Querían saber qué había ocurrido.
Me hicieron preguntas.
Yo respondía con nerviosismo.
Cada explicación parecía abrir otra contradicción.
Hasta que llamaron a mi mamá.
Y comprendí que la historia que había construido estaba comenzando a desmoronarse.
Capítulo 25. La muchacha de la que todos hablaban
Hay una forma particular de soledad que aparece cuando sientes que todos conocen una versión de ti que no sabes cómo corregir.
De pronto, yo era la muchacha que había mentido.
La que había intentado retener a un muchacho.
La que había provocado problemas.
La que había perdido el control de su propia historia.
Algunas amistades se alejaron.
Otras personas comenzaron a mirarme de manera diferente.
Yo sabía que había hecho daño.
Pero también había cosas que nadie conocía.
La pérdida real de mi bebé.
La tristeza que me acompañaba.
El miedo.
La vergüenza.
No sabía cómo explicar todo eso sin que pareciera una excusa.
Y terminé guardándolo.
La escuela exigió que recibiera atención psicológica para continuar estudiando.
Mi mamá buscó ayuda profesional fuera de la institución.
Para entonces, mi estado emocional era muy grave.
Había llegado a intentar quitarme la vida.
No fue un gesto romántico.
No fue una manera de demostrar cuánto amaba a Damián.
Fue una crisis de sufrimiento y desesperación.
Necesitaba ayuda.
Necesitaba que alguien me escuchara sin reducirme únicamente a mis errores.
Y, poco a poco, comencé a encontrar ese espacio.
Capítulo 26. Yo te amaba
Damián volvió a contactarme.
Quería respuestas.
Quería saber por qué había hecho aquello.
Por qué había sostenido la mentira.
Por qué no le había contado la verdad.
Le hablé de nuestra discusión.
De las palabras que me habían lastimado.
De cómo había sentido que él deseaba que nuestro bebé no existiera.
No podía saber si eso era realmente lo que había pensado.
Pero era la herida desde la que yo había actuado.
Damián me dijo que no debí haber llegado tan lejos.
Y entonces pronunció una frase que nunca antes me había dicho.
—Yo te amaba.
Me quedé mirando aquellas palabras.
Durante meses había imaginado cómo sería escucharlas.
Había deseado que Damián me dijera que yo significaba algo más para él.
Que no era solamente su mejor amiga.
Que nuestra historia no había sido un juego.
Y allí estaban.
Las palabras que había esperado.
Pero llegaron cuando ya no sabía creer en ellas.
No sentí la felicidad que tantas veces había imaginado.
Sentí tristeza.
Una tristeza inmensa.
Porque comprendí que incluso si aquellas palabras eran sinceras, no podían cambiar lo que había ocurrido.
No podían devolvernos la confianza.
No podían borrar nuestras decisiones.
No podían hacer que volviéramos a aquella jardinera donde todo parecía sencillo.
Era demasiado tarde.
Capítulo 27. Aprender a vivir con la verdad
La recuperación no fue inmediata.
No desperté una mañana sintiéndome completamente bien.
No dejé de pensar en Damián de un día para otro.
Tampoco desapareció la culpa.
Hubo días buenos.
Días en los que conseguía reírme y sentirme nuevamente como una muchacha normal.
Y hubo otros en los que recordaba todo lo ocurrido y deseaba esconderme del mundo.
Durante mucho tiempo pensé que arrepentirme significaba tener que castigarme.
Si había mentido, debía sufrir.
Si había lastimado a personas, no tenía derecho a estar tranquila.
Si había perdido amistades, era porque lo merecía.
Pero con el tiempo comencé a comprender que el arrepentimiento no funciona así.
Reconocer el daño es necesario.
Aceptar las consecuencias también.
Pero odiarse eternamente no repara lo sucedido.
No devuelve el tiempo.
No recupera las amistades.
No cambia las decisiones.
Solo mantiene abierta una herida.
Y yo necesitaba aprender a vivir sin seguir haciéndome daño.
Capítulo 28. Las cosas que no desaparecen
La vida continuó.
Aunque durante una época me pareció imposible.
Terminé creciendo.
Conocí personas.
Tuve nuevas experiencias.
Aprendí que el amor podía sentirse de maneras muy diferentes.
Que una relación no debía construirse necesariamente alrededor de los celos.
Que la cercanía no siempre significaba compromiso.
Y que querer muchísimo a alguien no garantizaba que supiéramos cuidarnos.
Aun así, Damián seguía apareciendo en mis sueños.
A veces soñaba con la escuela.
Otras veces con conversaciones que nunca tuvimos.
En algunos sueños todo estaba bien.
Éramos nuevamente mejores amigos.
Nos reíamos.
Yo silbaba.
Él volteaba.
Y durante unos segundos, antes de despertar, regresaba a aquella sensación de que todavía había tiempo.
Después abría los ojos.
Y recordaba que habían pasado años.
Capítulo 29. La lluvia
Durante mucho tiempo la lluvia fue mi recuerdo favorito de Damián.
Cada vez que comenzaba a llover, pensaba en aquella mañana en la playa.
En sus brazos.
En los besos en la frente.
En la manera en que habíamos caminado juntos sin preocuparnos por mojarnos.
Pero los recuerdos cambian.
No porque los hechos desaparezcan.
Sino porque nosotros dejamos de ser las mismas personas que los vivieron.
Con los años, la lluvia comenzó a ponerme triste.
A veces me irritaba.
Otras veces simplemente me hacía sentir una nostalgia que no quería explicar.
Me parecía injusto que algo tan cotidiano pudiera tener tanto poder sobre mí.
Hasta que comprendí que no odiaba realmente la lluvia.
Odiaba lo que ya no podía recuperar.
Aquel momento en el que todavía no sabía todo lo que vendría después.
Capítulo 30. La canción
Escuché Back to Black muchas veces a lo largo de los años.
En distintas etapas de mi vida.
Con diferentes personas alrededor.
Pero siempre pensé en Damián.
No en Gael.
No en nadie más.
En Damián.
A veces la canción me hacía recordar nuestros mejores momentos.
Otras veces me devolvía a las discusiones.
A las cosas que no habíamos sabido decir.
A aquella última confesión que llegó cuando ya no podía creerle.
Durante mucho tiempo pensé que recordar a Damián significaba que no había logrado seguir adelante.
Ahora sé que la memoria no funciona de esa manera.
Podemos construir una vida nueva y conservar recuerdos de una antigua.
Podemos amar a otras personas sin borrar lo que alguna vez sentimos.
Podemos aceptar que una historia terminó y aun así reconocer que nos cambió para siempre.
Damián fue mi primer gran amor.
También fue parte de una etapa muy dolorosa.
Ambas cosas pueden ser ciertas.
Y ninguna borra a la otra.
Epílogo. El que se enamora, pierde
Si pudiera regresar a aquella tarde en la jardinera, no sé qué haría.
A veces imagino que me acercaría a la muchacha que fui y le advertiría lo que está por suceder.
Le diría que tenga cuidado.
Que no confunda los celos con el amor.
Que aprenda a poner límites.
Que no esconda su dolor detrás de decisiones que pueden lastimar a otras personas.
Que pida ayuda cuando sienta que ya no puede más.
Pero después la imagino sentada junto a Damián.
Riéndose de alguna tontería.
Compartiendo aquella bebida.
Sin saber todavía lo que vendrá.
Y comprendo que no quiero odiarla.
Era una adolescente.
Una muchacha que tenía mucho que aprender.
Que cometió errores.
Que sufrió.
Que hizo sufrir.
Y que necesitó muchos años para encontrar las palabras con las que contar su historia.
Hoy puedo mirarla con más compasión.
Sin negar lo que hizo.
Sin fingir que todo estuvo bien.
Sin convertir su dolor en una justificación.
A veces todavía siento culpa.
A veces todavía sueño con Damián.
Y cuando escucho aquella canción, hay una parte de mí que vuelve a los diecisiete años.
Pero ya no soy esa muchacha.
He vivido demasiado desde entonces.
He aprendido que el amor no debería ser una competencia.
Que nadie gana por sentir menos.
Que nadie pierde por amar de verdad.
Y que algunas de las pérdidas más dolorosas no ocurren cuando alguien se marcha, sino cuando dejamos de reconocernos a nosotros mismos.
Durante meses Damián y yo jugamos a no enamorarnos.
Creímos que bastaba con repetir nuestra regla para mantenernos a salvo.
No entendimos que los sentimientos no obedecen apuestas.
Ni que el cariño puede convivir con el egoísmo.
Ni que dos personas pueden significar mucho la una para la otra y aun así hacerse daño.
Todavía recuerdo su silbido de respuesta.
Su copete ridículo.
Sus cartas.
Las rosas.
La lluvia.
Y aquella frase que llegó demasiado tarde.
Yo te amaba.
Quizá nunca sabré qué habría pasado si hubiéramos hecho las cosas de otra manera.
Si hubiéramos sido honestos desde el principio.
Si hubiéramos sabido escucharnos.
Si hubiéramos tenido la madurez necesaria para enfrentar todo lo que nos ocurrió.
Pero hay preguntas que no tienen respuesta.
Y aprender a vivir también significa dejar de exigirle al pasado que nos explique lo que ya no puede cambiar.
Esta es mi historia.
No la más bonita.
No la más fácil.
Pero sí una de las que más me transformaron.
Y si algo aprendí de aquel muchacho que conocí en la preparatoria es que algunas personas no se quedan en nuestra vida.
Se quedan en nuestra memoria.
En una canción.
En un día lluvioso.
En el sonido de un silbido que nunca volvimos a utilizar de la misma manera.
Damián fue todo eso para mí.
Y quizá siempre lo será.
Pero ahora sé algo que aquella adolescente desconocía:
Enamorarse nunca fue perder.
Perder fue olvidarme de mí mientras intentaba entender lo que éramos.
Y aunque tardé muchos años en comprenderlo, finalmente descubrí que todavía podía volver a encontrarme.
FIN

r/escritosyliteratura • u/bm-gm • 17h ago
Investigación sobre la comprensión lectora
Buenas!
Como este es un espacio de amor a la lectura, quería compartir esto por acá: estoy realizando una investigación sobre como afecta el uso de inteligencia artificial a la comprensión lectora de estudiantes universitarios argentinos.
Para eso estamos diseñando varias pruebas. Una de ellas busca medir las preocupaciones y la confianza que nos genera el uso de la IA.
Comparto el link de la encuesta por acá para quien le interese.
Solamente hace falta ser estudiante (o graduado) de una universidad en Argentina para poder completarla.
Mil gracias a quien pueda participar! Es de muchísima ayuda :)
r/escritosyliteratura • u/Vincet_Qo • 1d ago
Me encontre este Fic de Vee
Creo que te gustará esta historia: " Un Lugar Al Que Pertenece "de Fangyuan0199 en Wattpad https://www.wattpad.com/story/417773788?utm\\_source=android&utm\\_medium=com.reddit.frontpage&utm\\_content=share\\_reading&wp\\_page=reading&wp\\_uname=Fangyuan0199
r/escritosyliteratura • u/Cultucomopuedas • 1d ago
Nuevo articulo en vuestro blog La estela del Lucamverso
r/escritosyliteratura • u/deadpool3614 • 1d ago
IMPUNE: Capítulo 9 y 10 ya disponibles
Hola! Bonita noche a todos.
Les comparto que los capítulos 9 y 10 de mi novela de thriller IMPUNE ya se encuentran disponibles en Inkspired.
Pido disculpas por la demora de casi dos meses. Les informo también que en un principio esto iba a ser un solo capítulo, pero el contenido era demasiado extenso, así que tuve que dividirlo en dos partes. En estos capítulos muestro cómo los personajes procesan de distintas maneras el trauma provocado por lo ocurrido en el capítulo 8.
Una aclaración muy importante: la novela aún no ha concluido, solo falta un último capítulo más para llegar al final.
Por esta ocasión no incluiré un fragmento del capítulo; dado que son dos partes interconectadas, tendría que poner un pedazo de ambas y el post ya está bastante largo.
Les recuerdo que, debido a las restricciones de la comunidad, no puedo colocar enlaces directos en el texto, pero el enlace de mi novela está en mi perfil: solo tienen que tocar mi foto de usuario y ahí verán una pequeña sección que dice "Leer IMPUNE aquí gratis". La novela está completamente abierta al público sin costo en Inkspired.
Como siempre, estoy abierto a cualquier crítica, opinión o sugerencia.
Les mando un gran abrazo y que la pasen bien. ¡Saludos! 😄
r/escritosyliteratura • u/triloco • 1d ago
Tu mente necesita dirección cuando la vida parece no tener respuestas.
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r/escritosyliteratura • u/deiviiiddd • 1d ago
Busco feedback y opiniones
Porfavor escribidme y compartiré algún capítulo de lo que estoy escribiendo. Necesito feedback !!
r/escritosyliteratura • u/triloco • 1d ago
Lo que te pasó forma parte de tu historia, no de toda tu historia.
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